La obesidad no afecta por igual a hombres y mujeres. Más allá del peso corporal, la clave está en dónde y cómo se almacena la grasa. Mientras los hombres tienden a acumular más grasa visceral en la zona abdominal, las mujeres en edad premenopáusica la concentran en el tejido subcutáneo, especialmente en caderas y muslos. Estas diferencias no solo responden a factores hormonales, sino también a componentes genéticos y celulares que determinan si el tejido adiposo crece por hipertrofia (células más grandes) o hiperplasia (más número de células).
Comprender este dimorfismo sexual es fundamental, ya que la expansión del tejido adiposo visceral se asocia con mayor inflamación, resistencia a la insulina y riesgo cardiometabólico. En cambio, la acumulación subcutánea —más frecuente en mujeres— resulta menos perjudicial para la salud metabólica.
Este conocimiento abre la puerta a enfoques personalizados en nutrición y tratamiento de la obesidad, considerando no solo el peso y el índice de masa corporal (IMC), sino también las diferencias biológicas entre sexos que impactan en el metabolismo, la salud hormonal y el riesgo de enfermedades crónicas.
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¿Cómo crece el tejido adiposo?
El cuerpo puede expandir sus depósitos de grasa de dos maneras:
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Hipertrofia: las células grasas (adipocitos) aumentan de tamaño.
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Hiperplasia: se generan más adipocitos nuevos para repartir la carga.
La hipertrofia suele ser más dañina, porque cuando las células se vuelven demasiado grandes, se reduce la irrigación sanguínea, aparece inflamación crónica y aumenta el riesgo de resistencia a la insulina.
En cambio, la hiperplasia permite almacenar grasa en más células, evitando que se inflamen y protegiendo en mayor medida la salud metabólica.
Dimorfismo sexual: diferencias clave
Los estudios muestran que:
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En las mujeres, los adipocitos abdominales son más numerosos, lo que les permite acumular más grasa antes de que aparezca un ambiente inflamatorio.
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Los hombres acumulan grasa visceral principalmente por hipertrofia, lo que incrementa su riesgo cardiometabólico.
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La grasa glúteo-femoral en mujeres tiende a expandirse por hiperplasia, lo que resulta en un perfil metabólico más protector.
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Diferencias hormonales (estrógenos, testosterona) y factores genéticos también influyen en esta distribución.
¿Por qué es importante?
Estas diferencias explican por qué:
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Los hombres presentan un mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular que las mujeres con el mismo IMC.
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Las mujeres, en edad fértil, suelen tener una protección relativa frente a estos problemas gracias a la distribución de su tejido adiposo.
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Tras la menopausia, esta ventaja se reduce, ya que disminuye la acción de los estrógenos y cambia la manera en que se almacena la grasa.
Conclusión
La obesidad no puede evaluarse únicamente en términos de peso corporal. El sexo biológico, la edad y la distribución del tejido adiposo son factores que determinan el impacto real en la salud.
Comprender el dimorfismo sexual de la obesidad permite avanzar hacia una nutrición más personalizada, con estrategias que tomen en cuenta no solo cuánto pesa una persona, sino cómo y dónde almacena su grasa.